LA EPÍSTOLA Y EL DIARIO PERSONAL
Vientos variables, de Santi Barba
Jueves 11 de febrero de 2026
Hola diario,
Hoy el día ha sido una auténtica locura debido al tiempo tan variable que había. Ya desde el día anterior iban avisando de que se acercaba un viento fuerte y de que cabía la posibilidad de que nos tuviésemos que quedar en casa por precaución. Al principio no le di mucha importancia, de hecho llegó a causarme risa ya que, conforme iba transcurriendo el día, parecía que iba a ser similar al resto: soleado pero con algo de viento.
Fue por la tarde cuando todo empezó a cambiar. Primero sonó una alarma de advertencia en cada dispositivo y después llegó la noticia de que se cancelaron las clases en los centros escolares, esto causó en mí una alegría inmensa. A medida que iban pasando las horas, ya podías ir notando que estos vientos potentes se iban acercando.
Todo esto que al principio me causaba risa, dio un giro trágico y empezó a preocuparme lo que podía llegar a pasar en las calles. Fue por la noche cuando llegó este viento tan fuerte que provocó que las ventanas vibraran y que no pudiese dormir.
Finalmente hoy ha amanecido el día, me he asomado por la ventana de mi cuarto y lo único que podía contemplar era un aire tan fuerte que ha llegado a romper árboles. Por la tarde he salido de casa para ir al dentista. Nada más salir por la puerta de mi casa he sentido miedo por lo que me pudiese ocurrir por la calle y me he llegado a sentir inseguro de camino a la clínica. Nada más poner un pie en la calle, he podido ver cómo la parte del jardín de la casa de mi vecino estaba destrozada y cómo el viento me arrastraba de una manera que costaba avanzar. Después de la clínica, cuando he regresado a casa, este aire tan resistente ha parado.
A raíz de esta experiencia me he dado cuenta de lo engañoso que puede ser el clima y de cómo el tiempo puede cambiar en cuestión de minutos. Es por eso que hay que aprovechar los días buenos en los que hay sol y salir de casa para realizar planes con familiares o amigos. Nunca sabemos si tendremos otra oportunidad.
Carta al que siempre estuvo allí, de Ciro Civit
La Roca del Vallès, 21 de junio de 2025
Saludos cordiales,
Bien es cierto que desde el incidente no he tenido la decencia de dirigirte una sola palabra, ni tan siquiera una mirada, mas encuentro oportuno sacar esta presión de mi pecho escribiéndote la misiva que ahora tienes en tus manos.
Sabes perfectamente lo que hiciste aquel día. Hasta ese momento no habíamos tenido ni un solo conflicto, más que nada debido a que yo hacía todo lo posible por soportar tu brutal honestidad sin importar cuán ultrajante resultara; pero aquella ocasión cruzaste completamente la línea.
Recuerdo regresar del trabajo. El aire olía a etanol y óxido. Vivía cada instante olvidando el segundo recién pasado. Mis manos estaban mojadas —cerveza, ron, eso creía—. Solo podía tambalearme y la gente me miraba con disgusto. Un trayecto a casa nada fuera de lo común.
Llegué a nuestro hogar quitándome la corbata y dirigiéndome al baño para hacer lo que nadie más podría hacer por mí; entonces fue cuando te vi: ahí estabas, de pie, con la cara manchada de sangre, con la ropa hecha harapos, húmeda y teñida también de rojo. Instintivamente miré mis manos; estaban cubiertas de una sangre espesa que no era ni tuya ni mía.
En ese momento de pánico, los dos nos miramos. Yo no dije nada. Tú me dijiste todo desde tu lado del cristal: me echaste en cara todas las noches que volvía a casa con un ojo morado, me recordaste todas las ocasiones en las que me indicaste que ni mis amigos del bar me soportaban, me gritaste asesino una y otra vez.
Ante tu aluvión de injurias, cogí mi teléfono móvil y te lo lancé directo a la cara. Te rompiste en mil pedazos, mil vidrios punzantes; varios fragmentos se clavaron en mi cuerpo, pero ninguno dolía tanto como el eco que ahora resonaba dentro de mi cráneo.
Minutos después, tumbado en nuestro sofá sin saber qué hacer, la policía irrumpió en mi casa y me llevó con ellos.
En el momento en que escribo esta carta, todavía no tengo claro si es para disculparme, para excusarme, para culparte o simplemente para lamentar no haberte escuchado. Sea lo que sea, solo me queda esperar a recobrar el valor para mirarte a los ojos y que podamos hablar con más calma. Hasta entonces estaré vagando por los corredores de Quatre Camins.
Espero poder volver a verte algún día.
Yo, el del otro lado.
Rival a medida, de Hugo Costa
30 de octubre
He llegado al apartamento sobre las diez y dieciocho de la noche. El portero me ha abierto de inmediato la puerta del edificio y hemos subido juntos en silencio por el ascensor. Al entrar al piso, lo primero que me exalta es el orden. No hay muebles movidos, no hay cajones abiertos, ni siquiera una silla mal colocada.
El propietario, un hombre de unos sesenta años, me ha recibido amablemente en el salón, lo suficiente para el momento que estaba viviendo. Camina de un lado a otro repitiendo que no entiende nada de lo que ha pasado. Sobre la mesa hay un cenicero de cristal, un libro de Conan Doyle abierto por la mitad y una lámpara encendida que ilumina todo con una luz amarillenta.
Según el hombre, esa mañana ha dejado un reloj de bolsillo antiguo en el cajón del escritorio. Ahora el cajón está vacío. El reloj parece importante para él, pero viendo la vivienda no parece un hombre de mucho dinero. ¿Tal vez una reliquia familiar? O simplemente valor sentimental. He encargado a un uniformado que hable con él sobre el valor material del reloj, eso sí importa.
Lo más importante, la cerradura de la puerta, eso que siempre se mira cuando hay un robo y que deja evidencia de que alguien ha entrado de malas maneras. No hay signos de fuerza. Mirando la ventana puedo apreciar unas marcas de barro en el marco de madera, alguien se ha apoyado aquí. La ventana está entreabierta.
Es la única señal de que alguien ha entrado.
De: Carlos Aranda
Para: Comisaria Suárez
Tema: Informe preliminar — robo en apartamento
Comisaria:
He revisado la escena del robo en el apartamento de la calle Montesa.
No parece un robo convencional. No hay señales de fuerza en la puerta ni desorden en la vivienda. Solo se ha sustraído un objeto: un reloj de bolsillo antiguo que el propietario guardaba en el escritorio.
La única anomalía visible es una marca de barro en el marco de la ventana del salón, que estaba entreabierta cuando llegué.
Aún es pronto para sacar conclusiones, pero tengo la impresión de que la persona que entró sabía exactamente lo que buscaba. No parece alguien que haya registrado la casa al azar.
Seguiré investigando si aparece algún caso similar.
Subinspector Aranda
3 de noviembre
El segundo aviso llega cuatro días después, poco antes de las nueve de la noche. Esta vez es una casa en la calle Valdés. Cuando he llegado, los agentes uniformados ya toman los datos del propietario.
La vivienda está tan ordenada como la del primer caso. Nada parece fuera de lugar. Los cajones cerrados, los muebles intactos, ningún rastro de búsqueda apresurada.
La propietaria, una mujer de unos cincuenta años, dice que ha salido a cenar y que al volver ha encontrado la ventana del despacho abierta. No recuerda para nada haberla dejado así. Me lo ha repetido diez veces, hasta el punto de que me he replanteado encerrarla en un coche patrulla hasta que termine mi trabajo. Eso no estaría bien visto por la inspectora.
En el escritorio hay varios papeles y un pequeño marco vacío. Según ella, allí había una fotografía antigua de su familia. No falta nada más.
Reviso la cerradura de la puerta principal. Igual que en el primer caso, no hay señales de fuerza. Luego examino la ventana del despacho. El marco tiene una pequeña mancha oscura, probablemente barro seco.
Es parecida a la del apartamento de la calle Montesa.
He tomado fotografías y he pedido que comprueben las muestras. Por ahora, era lo único que conecta a los dos robos, aunque sacar conclusiones tan pronto puede ser precipitado.
De: Carlos Aranda
Para: Comisaria Suárez
Tema: Situación laboral
Comisaria:
En este caso, me dirijo a usted para expresarle mi preocupación respecto a mi situación en la comisaría.
Llevo más de quince años en la comisaría, he resuelto casos que nadie ha podido, he seguido en el turno cuando nadie quería, cuando todo el mundo quería estar en navidades con su familia o solo quieren un puesto de trabajo de ocho horas. Sin embargo, siento que mi dedicación no sirve de nada. Sigo en el mismo rango de siempre, subinspector, sin ningún ascenso, dedicatoria, felicitación, sin un mero símbolo de gratitud.
Me he presentado cuatro veces al examen de inspector para poder avanzar con mi carrera y salir de mi distrito actual para llevar mi equipo en una comisaría, en todos los intentos he sacado los mejores resultados, y todos sabemos que soy apto para el puesto. Llevo muchos años en esto, tengo contactos en la jefatura que dicen que se comenta en las reuniones que no interesa que avance, que es mejor que siga en la comisaría estancado, resolviendo los casos de siempre que nadie quiere porque nadie llega a poder resolverlos.
Espero que sean solo rumores, de lo contrario tendré que presentar mi dimisión.
Agradecería que me dé respuestas y soluciones.
A la espera quedo,
Subinspector Aranda
4 de noviembre
No he puesto suficiente agua al café, ha quedado asqueroso. A veces pienso que el sabor del café por la mañana es una predicción de cómo irá el día. En los últimos dos meses ha sabido siempre a lo mismo, a amargura total, a estrés.
No me apetece ponerme corbata. No ir uniformado es lo mejor que me ha pasado, puedo elegir cómo ir al trabajo y no parezco policía, son todo ventajas. No sé para qué llevo la pistola si nunca disparo, dudo que me haga falta. Mi trabajo consiste en pensar, escribir, fotografiar y fingir que soy profesional. Es un trabajo que me ha dado todo lo que tengo, que me ha permitido hacerme un nombre, que me ayuda a tener la mente activa. Pero hay algo que nadie tiene en cuenta: el factor estrés. No solo es tener que resolver los casos. Una vez que te metes en un caso no puedes dejar de pensar en este, en quién ha sido, en el cómo y en el porqué. Necesito un cambio, necesito avanzar. Jamás dejaría de ser policía, pero sí quiero ver las cosas desde otra perspectiva, desde el punto de vista del jefe. Reduciría horas, estrés, tareas y aprendería algo nuevo de este trabajo.
6 de noviembre
El tercer aviso ha llegado esta mañana, poco después de las siete. Demasiado pronto para cualquiera, especialmente para mí.
El café, esta vez, sabía igual que siempre.
La vivienda está en un edificio antiguo, en la calle Ríos. Un cuarto piso sin ascensor. He subido los escalones más por inercia que por ganas, pensando todavía en el correo que envié a la comisaria. No he recibido respuesta. La puerta estaba cerrada cuando ha llegado la propietaria, pero sin llave. Dice que siempre la deja echada dos veces. Siempre. Lo ha repetido con la misma insistencia que la mujer del otro día. Dentro, el mismo patrón: orden, demasiado orden.
Empiezo a darme cuenta de que no es casualidad. Cuando alguien entra en una casa sin intención de hacer ruido, se nota. Pero aquí no hay ni un error. Ni una prisa mal disimulada. Es como si el ladrón no tuviera miedo. En el dormitorio, sobre una cómoda, había un hueco limpio. La propietaria dice que allí guardaba una pequeña caja de música. Antigua. De su madre.
No falta nada más. Ni joyas, ni dinero, ni aparatos electrónicos. Solo la caja. He revisado la ventana. Cerrada. Esta vez completamente cerrada. Durante unos segundos he pensado que quizá me había equivocado con todo. Hasta que he visto el marco y, en efecto, barro. Hay muy poco, casi nada, pero sí que lo hay. Como si quisiera que lo encontráramos. He pedido de nuevo que revisen cámaras, accesos… Aunque sé lo que voy a encontrar, nada.
De: Carlos Aranda
Para: Comisaria Suárez
Tema: Patrón confirmado — tres incidentes
Comisaria:
Se ha producido un tercer robo con características idénticas a los anteriores. Mismo patrón: acceso sin forzar la puerta, ausencia total de desorden y sustracción de un único objeto, en este caso una caja de música antigua con valor sentimental para la propietaria.
He vuelto a encontrar restos de barro en el marco de una ventana. La cantidad es mínima, pero suficiente para confirmar la conexión entre los tres casos. Empiezo a descartar por completo la hipótesis de un robo común.
La persona responsable no actúa al azar. Selecciona las viviendas y los objetos con precisión. No hay improvisación. Mi impresión es que se trata de alguien con experiencia, probablemente con conocimiento previo de las viviendas o de las víctimas.
Continuaré trabajando sobre esta línea.
Subinspector Aranda
9 de noviembre
Hoy he hablado con el portero del edificio de la calle Montesa. No recordaba nada fuera de lo común al principio, pero cuando le he enseñado las fotografías de los otros casos, ha empezado a dudar. Eso suele significar, a mi criterio, que algo hay.
Después de insistir un poco más de la cuenta, ha mencionado a un chico. Dice que lo ha visto un par de veces en el edificio, subiendo por las escaleras en lugar de usar el ascensor. Joven, unos veinte o veinticinco años. Delgado. Siempre con gorra. No le dio importancia en su momento. Nadie lo hace nunca. He tirado de ese hilo y ha resultado que en la calle Valdés una vecina mencionó algo parecido en su declaración inicial. No se le dio valor porque no supo describirlo bien. Demasiado genérico.
He pedido revisar cámaras cercanas. No esperaba gran cosa, pero en una de tráfico aparece alguien que podría encajar con la descripción. No se ve la cara con claridad, pero la ropa coincide en los tres días. Misma chaqueta. Misma forma de caminar. No parece especialmente cuidadoso. Eso no encaja con los robos de guante blanco.
Aún así, algo me dice que es él, y mi intuición no falla.
De: Carlos Aranda
Para: Comisaria Suárez
Tema: Identificación de posible sospechoso
Comisaria:
He localizado a un posible sospechoso relacionado con los tres robos.
Se trata de un varón joven, aproximadamente entre 20 y 25 años, que ha sido visto en al menos dos de los edificios afectados. Un portero lo recuerda accediendo por las escaleras en varias ocasiones, y una vecina menciona a alguien con características similares.
He solicitado revisión de cámaras y he encontrado una coincidencia parcial en las grabaciones de tráfico cercanas. La imagen no es concluyente, pero refuerza la línea de investigación.
A priori no encaja con el perfil que había considerado inicialmente. Sin embargo, su presencia repetida en las zonas afectadas lo convierte en un candidato relevante.
Procederé a su identificación.
Subinspector Aranda
10 de noviembre
Ya tengo el nombre. Se llama Adrián Maza. Sin antecedentes ni denuncias, sin nada. Vive a menos de quince minutos de las tres viviendas implicadas. Revisando su historial he visto trabajos temporales, ninguno estable. Sin estudios destacables. Demasiado limpio.
He visto esa limpieza antes. No en expedientes, en escenas. Gente que no deja rastro.
He solicitado vigilancia discreta sobre él. Dos agentes de paisano le seguirán por ahora.
Si es él, cometerá un error. Siempre lo hacen.
14 de noviembre
Lo hemos detenido esta madrugada. Adrián Maza estaba saliendo de su edificio cuando los agentes lo interceptaron aprovechando el momento con intención de inspeccionar una mochila sospechosa que llevaba encima. Cinco minutos antes el juez había autorizado la orden de detención. No ha intentado huir. Ni siquiera ha preguntado por el motivo de su detención.
Su piso es pequeño, muy ordenado. Hemos registrado todos los rincones de la vivienda durante casi dos horas. En el armario, dentro de una caja de zapatos, hemos encontrado varios objetos: un reloj de bolsillo, una fotografía antigua y una pequeña caja de música. Los tres mismos objetos de los tres robos diferentes.
Todo encajaba. Durante unos segundos he sentido algo parecido a alivio. No satisfacción. Eso hace tiempo que no aparece. Solo la sensación de que, por una vez, las cosas seguían un orden lógico.
Lo hemos llevado a comisaría. No ha opuesto resistencia.
De: Carlos Aranda
Para: Comisaria Suárez
Tema: Detención realizada
Comisaria:
Hemos procedido a la detención de Maza como principal sospechoso de los robos investigados estos días.
En el registro de su domicilio se han encontrado los objetos sustraídos en los tres casos, lo que confirma su vinculación directa con los hechos.
El detenido no ha ofrecido resistencia y será interrogado en las próximas horas.
A falta de formalizar el atestado, considero el caso prácticamente resuelto.
Subinspector Aranda
15 de noviembre
No era él. Lo ha dicho sin dudar. Sin nervios. Sin contradicciones.
Ha repetido lo mismo durante todo el interrogatorio: que los objetos no eran suyos. Que alguien se los había dado. Que no sabía de dónde venían. He visto a culpables mentir mejor que eso. Pero también he visto a inocentes decir la verdad de esa misma forma. El problema es que no hay nada más. Ninguna prueba de entrada en las viviendas, ninguna huella que lo sitúe dentro, o ningún registro en cámaras que confirme que accedió a los pisos.
Solo su presencia cerca, y los objetos en su casa, que no es poco. Demasiado fácil.
He pedido que revisen las muestras de barro, y no coinciden con sus zapatillas.
16 de noviembre
Han aparecido nuevas huellas.
Otro robo. Mismo patrón. Otra vivienda, otro objeto.
Mientras, Adrián Maza estaba en un calabozo.
De: Carlos Aranda
Para: Comisaria Suárez
Tema: Actualización urgente — caso robos
Comisaria:
Se ha producido un nuevo robo con las mismas características que los anteriores mientras el principal sospechoso se encontraba bajo custodia.
Esto descarta su participación directa en los robos.
Las pruebas materiales encontradas en su domicilio deberán ser reevaluadas, ya que podrían haber sido colocadas o transferidas por un tercero.
Solicito autorización para reabrir completamente la línea de investigación y revisar los casos desde el inicio.
Subinspector Aranda
17 de noviembre
He vuelto a la primera vivienda. La de la calle Montesa, y todo sigue igual. El mismo orden, el mismo silencio.
He abierto el cajón vacío donde estaba el reloj. No sé muy bien por qué. Supongo que esperaba encontrar algo que no hubiera visto antes. No había nada.
Al cerrar, he mirado hacia la ventana. La marca de barro ya no estaba.
18 de noviembre
Sé que la he cagado. No sé en qué momento he empezado a construir una historia que no existía.
Un ladrón meticuloso.
Un patrón claro.
Un motivo.
Todo encajaba demasiado bien. Quizá ese fue el problema.
De: Carlos Aranda
Para: Comisaria Suárez
Tema: Sin conclusiones
Comisaria:
A día de hoy no dispongo de una línea de investigación sólida.
Las hipótesis planteadas hasta el momento han resultado incorrectas o incompletas. El patrón sigue presente, pero su interpretación no.
No puedo ofrecerle una explicación clara de lo que está ocurriendo.
Por ahora.
Subinspector Aranda
28 de noviembre
No ha pasado nada más en diez días. No más avisos, llamadas, marcas de barro… El silencio vuelve a ser constante.
Y lógicamente me preocupa, porque sé que significa que quien sea el ladrón de guante blanco ha visto que hemos hecho una detención y se ha vuelto a esconder.
Siento que mi ego no ha dejado que actúe como el detective que soy. Que mis ganas de ascender han hecho que un tío aleatorio pueda mofarse de todo mi trabajo.
¿Quién será? ¿Por qué lo hará? ¿Por qué nada de valor material?
Este caso probablemente me haya costado mi anhelado ascenso, pero sinceramente me da igual.
Quiero pillar a este hombre.
Tan lejos y tan cerca, de Berta Farrés
De: María
Para: Pablo
Tema: Saludos
Hola, Pablo:
Te escribo esto mientras el resto de la tripulación descansa en sus literas. El silencio aquí arriba es… distinto. No es el silencio de nuestra habitación en Madrid; es un silencio que pesa, porque sé que fuera de estas paredes de titanio no hay nada. Solo vacío.
Ayer pasamos el punto de no retorno. Ya no hay combustible suficiente para dar la vuelta aunque quisiéramos. He pasado horas mirando por la pequeña escotilla del fondo. La Tierra ya no es ese mundo gigante que conocíamos; ahora es solo una canica azul brillante, tan pequeña que casi puedes taparla con el pulgar. Es extraño pensar que ahí dentro estás tú, mi familia, el café de la esquina y todo mi mundo.
A veces me despierto olvidando dónde estoy y estiro el brazo buscando tu mano, pero solo toco el metal frío de la pared. Me pregunto si ya has guardado mis cosas en cajas o si todavía dejas mi taza favorita en el estante de arriba.
Sé que dijimos que esto era lo mejor para mi carrera, que "alguien tenía que ser el primero", pero hoy cambiaría la Expedición 01-Marte por un domingo de lluvia contigo.
Cuéntame cómo va todo por allí. Necesito detalles del día a día, de los que antes ni hablábamos. Dime si el vecino sigue haciendo ruido a las siete de la mañana o si ya florecieron los jazmines del balcón. Necesito recordar que el mundo sigue vivo, aunque yo me esté alejando de él a 20.000 kilómetros por hora. Espero que esta conexión a internet que me proporciona la NASA tenga la velocidad suficiente para que te llegue mi carta.
Te quiero,
María.
De: Pablo
para: María
Tema: respuesta Saludos
Hola, María:
He leído tu carta tantas veces que ya me sé de memoria dónde has puesto cada coma. No sé si cuando leas esto ya habrás aterrizado en el polvo rojo o si seguirás en ese silencio que dices que pesa tanto. Aquí, el silencio también pesa, pero es distinto: es el silencio de una casa que se ha quedado demasiado grande para una sola persona.
Me preguntas por los detalles del día a día. Sí, el vecino del tercero sigue arrastrando muebles a las siete de la mañana, y te juro que ahora me da hasta consuelo escucharlo; me recuerda que el mundo no se ha detenido aunque tú no estés. Los jazmines del balcón han florecido, pero este año huelen menos, o quizá soy yo que ya no sé disfrutarlos sin que me preguntes si los he regado.
No he guardado tus cosas en cajas, María. No he podido. Tu taza favorita sigue en el estante de arriba, justo donde la dejaste. A veces la miro y me dan ganas de enfadarme contigo por haberte ido tan lejos, pero luego recuerdo tu cara de ilusión cuando te seleccionaron para la Expedición 01-Marte y se me pasa.
Es una locura pensar que mientras yo bajo a comprar el pan, tú estás cruzando el espacio a una velocidad que no puedo ni imaginar. A veces miro al cielo por la noche intentando buscar un punto brillante que se mueva, sabiendo que es imposible verte, pero necesitando sentir que sigues ahí.
Me dices que cambiarías lo que significa estar en esa misión por un domingo de lluvia conmigo. Yo daría cualquier cosa por volver a ese último café que nos tomamos antes de que te fueras al centro espacial. No sabía que ese sabor me iba a tener que durar el resto de mi vida.
Cuídate mucho, por favor. No dejes que ese vacío te asuste. Aquí abajo, la canica azul sigue girando y yo sigo esperándote, aunque sepa que no vas a volver.
Te echo de menos,
Pablo.
El rapto de Arnold, de Mariam Magret
Núm. 2 de West Valley, Nueva York
2 de diciembre de 2024
Querido Arnold,
Ya que no entendiste muy bien la trama de Silence, la película que fuimos los dos a ver el día que viniste a Nueva York, te explicaré quiénes son los personajes uno por uno y te contaré algunas cosas más.
Considero que es una buena elección que me escogieras a mí para ayudarte a realizar el trabajo, ya que yo soy una licenciada tanto en historia del cine, como en cinematografía.
Benoir Blanc es un detective famoso que se encarga de investigar el asesinato de Francesca Voce.
Jennifer Rhodeline es la secretaria de Benoît Blanc. Es una muchacha que siempre le ayuda y de quien Benoît Blanc está enamorado.
Everly y Francesca Voce son dos hermanas que se hicieron ricas con máquinas de estenotipia.
Demi Murray es una ladrona francesa que robó joyas a Everly y Francesca Voce. Roba por encargo de Charlie Whiteheart.
Ahora te explicaré el argumento de la película para que puedas hacer bien el trabajo de la asignatura de Cinematografía.
Silence comienza con el asesinato de Francesca Voce. Everly contrata a Benoit Blanc y éste, junto a su ayudante y secretaria, Jennifer, investiga y va descubriendo quién era en realidad Francesca Voce y quién podría haber querido que muriera.
Entre los sospechosos se encuentra Demi Murray, la ladrona que robó las joyas a las hermanas Voce y había además amenazado con matar a Francesca, que la descubrió robando. Al final de la película se ve que Demi Murray mató a Francesca y ella y Charlie Whiteheart son encerrados en la prisión.
Espero que todo te haya quedado más claro.
Abrazos,
Amelia Sánchez
Calle del Puma, núm. 13, Nuevo México
2 de enero de 2025
Querida Amelia,
Te agradezco mucho que me hayas explicado la película. Pero no te escribo por esto, sino que sobre todo te escribo para explicarte una serie de extraños acontecimientos que he estado viviendo en los últimos días. Te agradeceré que me aconsejes ya que no sé cómo salir de la situación.
Todo empezó cuando recibí tu carta, el 20 de diciembre. Yo iba a la feria de Navidad, como hago cada año, con mi familia. De camino, de repente unos bandidos nos secuestraron. Nos encerraron en una casa muy vieja que estaba muy sucia. Afortunadamente yo pude escapar al día siguiente. Fui a la policía y, por desgracia, cuando llegaron a la casa, la encontraron vacía. Además, no consiguieron identificar a los secuestradores con la descripción que yo les di.
También conté a la policía que les había oído decir que pensaban robar el cuadro titulado El conde del Museo George Brisbane de Roswell.
Como me da miedo que me encuentren, voy disfrazado desde entonces. Y también me he mudado a una casa vieja de un callejón estrecho en un barrio apartado del centro de la ciudad.
Ya me dirás si se te ocurre qué puedo hacer.
De momento, el trabajo de Silence lo dejo para más adelante.
Abrazos,
Arnold
Núm. 2 de West Valley, Nueva York
25 de enero de 2025
Querido Arnold,
Me apena que vivas esta situación tan grave. Los consejos que se me ocurren son los siguientes.
Sigue escondido y cambia de domicilio de vez en cuando para que no te encuentren.
Insiste con la policía para que puedan encontrar a tu familia.
Piensa en si pudo haber alguien que hubiera visto en el momento del secuestro.
Lo siento, tanto lo que te pasa como que no se me ocurre nada más.
Abrazos,
Amelia
Núm. 4 de Paseo de la Palmera, Nuevo México
12 de febrero de 2025
Querida Amelia,
Como puedes ver, estoy ya en mi domicilio habitual. La situación se ha resuelto: la policía consiguió encontrar a mi familia y encerrar a los secuestradores. En realidad, no era a mi familia a quien querían secuestrar, sino a otra familia que tenía en su casa cuadros valiosos de pintores del siglo XX.
Finalmente hemos podido relajarnos. Estamos intentando superar el mal trago. Además, como no pudimos celebrar las Navidades, hemos decidido que el día 25 de febrero las celebraremos como si fuera el diciembre pasado.
Después haré el trabajo de Silence y te lo enviaré para que lo puedas ver.
Tengo ganas de que nos veamos de nuevo.
Abrazos,
Arnold
Lo que no te digo, de Clara Molist
Nueva York, 15 de octubre de 1980
¡Hola Berta!
Sé qué hace días que no os escribo y la verdad es que, aunque no hay excusa que valga, desde que aterricé el miércoles por la tarde todo ha ido muy deprisa. Antes de llegar pensaba que los primeros días aquí serían tranquilos y que tendría tiempo para adaptarme poco a poco, pero ha pasado justo lo contrario, aunque no podría estar más contenta.
Ya sabes que, a pesar de estar muy emocionada por empezar esta aventura, el tema de empezar a vivir sola me preocupaba un poco, pero resulta que estoy en una residencia de estudiantes enorme, todo el mundo es muy simpático y he hecho muchísimos amigos, por lo que no he tenido tiempo de sentirme sola, aunque obviamente os echo de menos.
Todavía no han empezado las clases, pero he conocido a gente que lleva aquí más de un año y todos me han asegurado que no se arrepienten para nada, y que, aunque todos los profesores sean un poco más exigentes, vale totalmente la pena.
Bueno, creo que ya he hablado lo suficiente de mí, ¿qué tal tu verano? Espero una carta tuya contándomelo todo.
Besos,
Clara
Barcelona, 19 de agosto de 1980
Querido diario, cuando mi abuela me regaló este cuaderno hace un par de años pensé que nunca lo usaría, aunque ella me aseguró que podía ser muy útil en momentos en los que necesitas desahogarte pero sientes que no puedes hablar con nadie. Ha pasado más de una semana desde que Clara se fue a Nueva York y nunca la había echado tanto de menos. La verdad es que estoy muy agobiada por el hecho de que esta semana me he peleado con mis mejores amigas y el colegio no ha hecho más que empezar y mis notas ya van cuesta abajo.
Además, últimamente noto que mi madre se comporta diferente y la veo muy apagada. Hoy ha llegado una carta de Clara y estoy muy feliz por ella, y es por eso que sé que no puedo contarle lo que estoy pasando, ni hablar con ella sobre lo que le pasa a mamá, ya que eso solo la preocuparía y la haría sentir culpable por no estar aquí.
Normalmente, ella es la persona a la que le cuento todo y la que siempre me ayuda con mis problemas, pero sé que eso va a tener que cambiar pronto. Tengo que contestar pronto a su carta, y todavía no tengo muy claro qué le voy a escribir, pero lo que sí sé es que no puede saber que las cosas no van del todo bien en casa, ya que le ha costado mucho conseguir esta oportunidad y no me gustaría que la desperdiciara. Por otro lado, podría no contestar, aunque eso le preocuparía mucho más, por lo que ha dejado de ser una opción.
Barcelona, 20 de agosto de 1980
¡Hola Clara!
Recibir tu carta nos llenó a todos de alegría ya que, a pesar de que confiamos plenamente en ti, nos tenías un poco preocupados. Aun así estoy disfrutando mucho el verano y en casa todo va muy bien. Estos últimos días ha hecho bastante calor así que hemos podido pasear y disfrutar del buen tiempo.
Nos alegra que estés disfrutando tanto.
Un beso,
Berta
2 de septiembre de 1980
Querido diario, han pasado ya dos semanas y cada vez dudo más de que no contarle a Clara lo que está pasando sea una buena idea.
Puedo decir con total seguridad que hoy ha sido uno de los peores días de mi vida. Todo ha empezado este mediodía. Yo estaba en mi habitación leyendo cuando, de repente, se empezaron a escuchar gritos. Al escuchar a mis padres pelearse se me pusieron los pelos de punta y mis ojos ardían sin poder aguantar las ganas de llorar. Nunca los había oído pelearse, y mucho menos de esa forma. Finalmente, el estrés que llevaba tanto tiempo sintiendo salió a la luz y empecé a llorar desconsoladamente. Me metí en la cama y me tapé entera, decidida a esperar a que acabaran los gritos. Pasaban los minutos y todo seguía igual, al final, no pude soportarlo más y fui a la cocina a ver qué pasaba. Al entrar por la puerta vi que mi padre tenía los ojos llorosos, algo que nunca había visto y, en cuanto me vieron, el silencio se apoderó de la habitación y, más tarde me dijeron que me sentara, que necesitaban hablar conmigo. En ese preciso instante se desató el horror y desde entonces me gustaría poder volver atrás y no haber tenido nunca aquella conversación.
Me contaron que mamá está muy enferma, cosa que ya sospechaba desde hacía tiempo, a pesar de que me había negado a aceptarlo, aunque ahora ya no tengo más remedio que hacerlo. Llevaba meses acudiendo al hospital a recibir distintos tratamientos que, al principio, parecían funcionar, pero que actualmente han dejado de dar resultado.
A pesar de que me repitieran que todo saldría bien, yo no terminaba de creérmelo y me dolía mucho la cabeza, casi como si me fuera a explotar. Me levanté y volví corriendo a mi habitación, deseando poder borrar aquella conversación de mi memoria y llevo encerrada allí desde entonces. Mis padres no han intentado que saliera, piensan que necesito estar sola y procesar lo ocurrido, pero lo único que necesito ahora mismo es hablar con mi hermana.
Diario ensangrentado, de Marc Puig
Madrugada del 24 de julio de 1938
Hoy me he tocado la frente, y por primera vez en semanas la noto como siempre. La herida que me hice hace tiempo ahora está sellada con una larga y fea cicatriz. Si mis sargentos escucharan que a esta tontería le llamó herida, me coserían a tiros hasta que dejase de ser persona. Esta cicatriz no es nada comparado con lo que veo día a día, pero me recuerda lo fácil que es caer.
El frente me provoca angustia, hay ratos que permanece en silencio, con el canto de algún pájaro perdido y con fuertes golpes de viento, pero otros, se asemeja al verdadero terror, el ruido es tan violento que le falta espacio y los gritos desoladores de mis compañeros es lo único que puedo escuchar.
También mis compañeros intentan llevar esta guerra como pueden, como todos, supongo, su objetivo principal es sobrevivir y poder ver a todos los echados en falta de nuevo. Como siempre Manolo no para de contar chistes malos, tan malos que nos hacen reír, también el otro día Luis dijo que cuando todo esto acabe va a abrir un bar en Marbella cerca del mar, dice que los turistas van mucho a Marbella y que en los bares es en lo que más gastan, también esto lo escribo para que no se le olvide, que con la memoria que tiene se puede dejar hasta el fusil para salir al frente.
Mi mayor enemigo en esta guerra es la nostalgia, echo mucho de menos a mi familia. Recuerdo a mi madre haciendo su gran guiso con carne, que se podía oler desde el salón, y regañándome porque he llegado tarde de jugar con mis amigos. Mi padre sentado en su sillón, leyendo el diario con su pipa y su vaso de whisky inglés, pero también a mi hermana que, a pesar de molestarme la mayoría del tiempo, le da vida y esencia a nuestra familia.
Esta página es un poco sentimental, ya que no sé si será la última que escriba, espero que no. Hoy escribo el día antes de la batalla del Ebro. Mis compañeros y yo en pocas horas nos vamos a preparar para una ofensiva que determinará qué bando gobernará España en las próximas décadas.
Si alguien encuentra este diario ensangrentado, me llamo José Luis Machado González, vivo en Valencia en una bonita casa frente al mar, mi dirección está apuntada en la cubierta del diario y, por favor, si lees esto, devuélvele el diario a mi madre.
Más allá del tiempo y el espacio, de Marta Riveiro
De: Laura
Para: Juan
Tema: Saludos
Querido Juan,
Te escribo desde aquí arriba, donde la vista de la Tierra es increíble. Parece una canica azul como con las que solía jugar de niña. A veces siento que cuando miro desde aquí arriba y entrecierro los ojos lo suficiente te puedo ver en el jardín de casa, aunque en el fondo sé que estoy física y mentalmente lo más lejos posible de ti. ¿Cómo estáis todos? Me cuesta imaginar que abajo la vida sigue con normalidad, la gente ríe, llora y baila, mientras yo me encuentro sola, aislada del mundo.
Me gustaría darte las gracias por la buena persona que que has sido desde que te conozco, lo mucho que me has querido, y por que nunca me dejaras sola en mis peores momentos. Nunca dejaste de luchar por los dos y espero que ahora tampoco dejes de luchar por ti mismo.
Si estás leyendo este mensaje significa que ya no estoy, que me fui, que ya no existo, que soy un recuerdo en la mente de todos aquellos que me quisisteis. Pero, como ya te dije hace un año, no te ibas a librar de mí, y en un momento de tu vida te llegaría mi mensaje.
Quiero que recuerdes una cosa, por muy dura que sea la vida, y aunque sientas que no puedes más, yo quiero que sigas adelante, que conozcas a más gente, que salgas por ahí y que incluso te eches una novia, porque la vida sigue y no te puedes estancar en un instante.
Por favor, responde para hacerme compañía. Te echo mucho de menos.
Te quiere,
Laura
Mensaje programado para ser enviado el 24 de octubre de 2025
Para: Laura
De: Juan
Tema: respuesta Saludos
Hola Laura,
No sabes la alegría que me he llevado al recibir por fin tu mensaje, cuando me dijiste que me llegaría uno, no esperaba que fuera tan tarde. Lo he leído entre lágrimas, sintiéndote más cerca que nunca. Me cuesta creer que partiste hace diez meses. Igual si estiro la mano un poco te puedo tocar.
Estamos todos bien. Aquí ya ha llegado el otoño, las hojas caen y empieza el frío, pero no todo sigue igual, porque faltas tú. Ayer fui a casa de tu madre, y estuve mirando un álbum de fotos, y tengo que admitir que parecías una niña muy traviesa. Uf, ojalá hubieras estado ahí, viéndolas conmigo. Mañana he quedado con tus sobrinas, me han pedido que las lleve de compras, me hace muy feliz saber que de alguna manera sigo formando parte de tu mundo.
Me llena de orgullo que hayas logrado todo lo que has querido durante tu vida y que ahora estés mirándonos a todos desde allí arriba. Supongo que desde que te fuiste todos miramos más hacia el cielo, como si estuviéramos más cerca de ti. Procuraré intentar hacer todo lo que me pides, pero me cuesta mucho. Me cuesta levantarme por las mañanas, me cuesta pasar por delante de tu trabajo, me cuesta hablar con la gente y me cuesta cocinar tu famosa receta de macarrones.
Prometo escribirte muy a menudo para que no te sientas tan sola. Aquí abajo siempre tendrás a gente pensando en ti, esperando encontrarse contigo, cuidándote, queriéndote y rezando por ti. Y siempre que mires hacia la Tierra, recuerda que en un rincón estamos nosotros mirándote también.
Te quiero mucho y nunca te olvidaré,
Juan
La nostalgia de un emigrante, de Greta Roca
Frankfurt, 25 de abril de 2025
Querida Granada,
Hoy te escribo en nombre de mi memoria, trasladándome a aquellos tiempos en los que la inocencia reinaba sobre mí. Como un eco lejano, tu nombre resuena en mi cabeza. Quisiera dejar atrás estos recuerdos y, sin embargo, me aferro a ellos porque en su nostalgia encuentro un dulce consuelo.
Aún recuerdo cuando paseaba por tu Alhambra, imaginándome una vida dentro de esa maravillosa fortaleza, llena de fiestas interminables y risas capaces de dejar sin aliento a cualquiera. ¡Pero pobre de mí!, si tan solo hubiera sabido cuántas vueltas da la vida…
Aquellos domingos de verano en el Mirador de San Nicolás, a la hora punta, cuando el crepúsculo y tú os fusionabais, y yo me entremezclaba con mis pensamientos. Qué bonita eres, Granada.
Echo de menos levantarme por las mañanas y bajar por las escaleras guiándome ciegamente por el aroma de los piononos recién hechos por la abuela. Salir al patio a recoger el periódico, volver corriendo y entregárselo al abuelo, recibiendo a cambio ese gesto silencioso de agradecimiento que lo decía todo.
Recuerdo con ansias la llegada del mes de mayo, esperando con ilusión la celebración de la Feria del Corpus. Ese ambiente profundamente tradicional se mezclaba con un toque alegre y colorido que nos recordaba que Granada no es solo una ciudad, sino el corazón y la esencia de su gente. Las calles, la música y las casetas brillaban con luz propia y nosotros, simples visitantes, nos convertíamos en pequeñas chispas dentro de aquel esplendor, dejándonos envolver por su magia.
Te doy las gracias por ofrecernos esos paseos cercanos al Genil, recordando a los que te rodean que la vida es pasajera y todo pasa, pero que, a tu lado, todo es mejor. Gracias por los paisajes tan maravillosos que tienes alrededor de tu Mezquita Mayor, por tus jardines con pinos, olivos, granados, naranjos y limoneros a más no poder.
Gracias por ese dulce aroma a tranquilidad y hogar, por hacer que cada paso en ti se sienta como un cálido abrazo.
Gracias, Granada, qué bonita eres.
Esteban
Así está bien, de Félix Vidal
1 de abril de 2026
Mi habitación
Hoy ha sido uno de esos días en los que todo parece un poco más pesado de lo normal. Desde que me levanté, me costaba concentrarme y tenía la sensación de que no iba a ser muy productivo. Aun así, intenté avanzar con mis deberes de semana santa, pero me distraía con facilidad y eso me frustraba bastante.
Lo que más me ha molestado ha sido sentir que no estaba aprovechando bien el tiempo. Es una sensación incómoda, como si siempre pudiera hacerlo mejor y no lo estuviera consiguiendo. A veces me doy cuenta de que soy demasiado exigente conmigo mismo y eso termina afectándome más de lo normal.
Sin embargo, no todo ha sido negativo. Por la tarde he tenido un momento de tranquilidad, sin ruido ni prisas. Me he parado un rato a descansar y a no pensar en todo lo que tenía que hacer y estudiar, eso me ha ayudado a sentirme un poco mejor.
Supongo que todos los días no pueden ser perfectos y está bien que sea así, quizás estos días de descanso me están siendo muy necesarios para parar y tranquilizarme ante el estrés que supone el bachillerato.
Al final, escribir me ayuda a ordenar lo que siento. Me doy cuenta de que en la vida no todo sale a la primera y que fallar también es bueno.