Encuentros en el transporte público

 



Una venganza exprés para un viejo ex, de Angelika Pestrosyan


Tengo la sensación de que el universo me odia últimamente. Llevo ya dos semanas llenas de torturas que no son ni medio normales. La semana pasada, el perro de mi vecina me destrozó mis zapatos nuevos, pero además, se me fue la luz de casa y tuve que vivir así por tres días. Pero por si fuera poco, hoy me habían despedido del trabajo, ¡el mismo día de mi cumpleaños!


Pero ahí estaba yo, esperando a que el maldito bus llegara de una vez por todas. Sin embargo, el autobús parecía ser otra maldición; estaba lleno. Y cuando digo lleno, me refiero a que había una señora con tres bolsas que ocupaban dos asientos, un grupo de adolescentes que no querían moverse, un señor que miraba vídeos a todo volumen, y el hombre del fondo que roncaba con la boca abierta.


En todo ese caos, estaba yo, con mi caja de la oficina y aplastada por la masacre de gente. Pero todo cambió cuando, de repente, se me apareció un milagro: un asiento libre. Antes de que alguien más ocupara el sitio, me escabullí entre la multitud, hasta que pude sentarme. Tras acomodarme, me giré y vi que, para nada había sido un milagro. Mi vecino del asiento me parecía muy familiar, y no en buen sentido. El hombre se giró, y sí, en definitiva era Diego, mi ex. Era aquel mismo hombre que me había dicho que necesitaba “espacio y tiempo para encontrarse a sí mismo” para que, dos semanas después, tuviera una nueva novia, Paula, la camarera del bar al que siempre íbamos. Me quedé mirándolo, esperando a que él reaccionara. Pero nada. Solo me dio una miradita rápida y volvió a su teléfono. ¿En serio? En ese momento, intenté desaparecer entre la multitud, aunque, mi ego me dijo que hiciera otra cosa. Puede que esto fuera una oportunidad para zanjar por una vez las cosas. Así que, con toda la intención del mundo, carraspeé. Volvió a levantar la vista de nuevo y me miró, hasta que preguntó: 


–Disculpa, ¿nos conocemos? Diego... –Me miró en silencio, mientras intentaba recordar quién era. 

–¿Del trabajo? - preguntó. 

–No. 

–¿De la universidad? 

–Tampoco. 

–¿Del gimnasio? 

–¿En serio? 

–¡Laura! –exclamó por fin. 


Tras los instantes de silencio más incómodos que había vivido, Diego rompió el silencio diciendo: 


–Te ves… bien.  

–Tú también –mentí. 


No era que se viera mal, pero la edad ya le estaba devolviendo su karma. Tenía ojeras más marcadas, muchas canas y menos pelo en la coronilla. 


–¿Cómo has estado? –dijo. 

–Bien. ¿Y tú? –pregunté por cortesía. 

–Bien, bien… –dijo mirando por la ventana. 

–Me mudé hace poco –siguió. 

–Ah, ¿con Paula? –golpe bajo.  

–No… ya no estamos juntos –continuó mientras su cara se ponía roja.

–Vaya, qué pena –me lo estaba pasando demasiado bien. 


Hasta que, por desgracia, mi parada llegó. Me hubiera gustado devolverle todo lo que me hizo. Me levanté con mi caja, pero antes de bajar, me giré y le dije: 


–Me encantaría seguir hablando contigo, pero necesito que entiendas que necesito encontrarme a mí misma primero. 


Cuando la puerta del autobús se cerró, sentí un gran alivio. Puede que, al fin y al cabo, ya estuviéramos bien con el universo. 



El encuentro en el autobús, Alejandro Tercero


Entro al autobús y saludo al conductor. Paso la tarjeta y voy al fondo del bus. No me lo creo. Es ella. Ha pasado mucho tiempo, ¿se acordará de mí? Está muy cambiada. Tiene el pelo largo, pero sus ojos, sus ojos siguen siendo los mismos. Los reconocería en cualquier momento de mi vida. Hay un asiento a su lado, ¿debería sentarme junto a ella o quedarme de pie? 


–Hola Isabel.


Nada más decirle hola noté que no me reconoció. Se me hizo un nudo en la garganta y pasaron unos segundos en los que solo pensaba: tierra trágame.


–Soy Carlos.


***


No me lo podía creer. Era él. No pude evitar sacar una sonrisa. Nada más verlo de reojo sabía que era él. No me hizo falta que me recordara su nombre, pero su voz, me encantó volver a escuchar esa voz después de 6 años de relación, en los que me dejó plantada en el altar...


–Hola Carlos –apenas le miré a la cara. No me atrevía. 


***


Creo que no he hecho bien en ponerme a su lado. Está siendo muy incómodo esto. ¿Debería de decirle algo? No sé si bajarme y esperar al siguiente autobús. Bueno, creo que le voy a preguntar sobre su vida.


–¿Qué tal en la uni?, ¿sigues sacando matrícula en todo? –Dije en un tono sarcástico.


***


Cómo no, ya tardaba en sacar su personalidad de ser un vacilón. 


–Pues de hecho, he aprobado todos los finales.


Me preguntó si había conocido a alguien después de todo lo que nos pasó, y yo le dije que tenía algo por ahí, pero en verdad cada día que pasa pienso en él , siempre me pregunto si me seguirá queriendo.


***


–A, pues qué bien. Me alegro de que todo te vaya tan bien. –Dije desviando la mirada al suelo.


No sé si decirle la verdad, que me arrepiento de lo que hice, que cada día que pasa me habría gustado haberlo pasado con ella. No debería decírselo. Es de mala persona, ¿no? Y si realmente me equivoqué...


–Isabel, quiero que sepas que... 


Me cortó enseguida. Me dijo que se tenía que bajar, que era su parada. Le dejé espacio para que pudiera salir del asiento y se bajó del autobús. 

Se abrieron las puertas del autobús, pero no bajó. Entonces dirigió su mirada hacia mí y luego se bajó. Rápidamente, intenté bajar del autobús antes de que se cerraran las puertas, pero ya era tarde. Se cerraron y el autobús empezó a acelerar. Inmediatamente pensé en decirle al conductor que abriera las puertas, que el amor de mi vida se estaba escapando, pero pensé: ¿ y si el destino quiere que no volvamos a estar juntos?




Una mala jugada del destí, de Laura Serra


Estic arribant tard a l’estació de Muntaner, no sembla que arribi a agafar el metro de les 7:50, començo a córrer, sort que tinc la TMB i m’estalvio el temps de parar per comprar el tiquet i ho aconsegueixo, ja estic pujat al tren, si us pregunteu per què tinc tanta pressa, no és per arribar aviat a l'escola, sinó, per ella, una noia que des que tinc la TMB i vaig començar a portar la meva vida sota terra, sempre coincidíem a les 7:50  a l’ L6 direcció Sarrià, de dilluns a divendres. 


Sincerament, mai hem parlat, però jo crec que ella també s’ha fixat en mi, de vegades sento que em mira, però evito creuar mirades, em fa massa vergonya, només estem junts durant 3 parades, ella baixa a Tres Torres, potser el seu insti és algun de per allà, com el Santa Isabel o el Teresianes, jo segueixo una més fins a arribar a Sarrià.


Avui, em sembla que m’ha somrigut, si demà la veig em juro que li parlaré, sempre dic el mateix i mai ho faig, però demà sí, demà serà diferent. 


Mentre pensava com apropar-me l'endemà, vaig notar una mà tocant-me l’espatlla, era ella, m’estava demanant que lai deixées passar per baixar, mai  n’havia estat tan a prop, era tan bonica, vaig trigar tant a reaccionar que va baixar per un altre porta, l’havia cagat, vaig sortir corrents darrere, però ella ja no estava, i jo havia perdut el tren, gràcies a la seva rapidesa en arribar només vaig arribar 10 minuts tard a l’escola. Res greu.


Ja és el dia, em tremolen les mans, em costa passar la TMB per la porta, però després de 3 cops, entro a l’estació, baixo corrents, però agafar lloc, em sento i la veig entrar, amb la seva cara de dormida, els seus cabells despentinats i la seva dessuadora de sempre, porta apunts a la mà, sembla que està angoixada, potser avui no és el dia, arriba la seva parada i sento com diu:


–Adeu! 


S'havia acomiadat de mi? El cor em bategava cada cop més ràpid, no m'ho podia creure, el millor dia de la meva vida, sort que estic aquí, sort de la TMB, ara sí que demà no em passarà per alt, demà li parlaré.


Sortint de l’escola, em va arribar una notificació al mòbil de la Generalitat de Catalunya, un missatge que deia:


Bon dia, ciutadans de Barcelona, ens agradaria informar-vos que l’ús gratuït de la T-mobilitat queda retirat per als majors de 16 anys. Es portarà a terme des d'avui. 


Gràcies! 


El cor se'm va paralitzar, un simple missatge m’acabava de separar de l'amor de la meva vida. No sé res d’ella, només quèe metro agafa, era el nostre fil de connexió, i m’han arrabassatarrebatat tot, el meu amor, la meva llibertat, la meva vida.


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