EL AMOR SIEMPRE ENCUENTRA SU CAMINO

 

Ana y Luis se conocieron en la universidad mientras estudiaban juntos. Desde el primer día se sintieron atraídos el uno por el otro, se sentaban juntos en clase y poco a poco empezaron a conocerse mejor y se dieron cuenta de que tenían muchas cosas en común aunque fueran totalmente distintos. Ana, una chica estudiosa y con unas notas muy altas y Luis, un chico perezoso pero que, con el paso del tiempo, gracias a Ana, acabó mejorando bastante. Hasta tal punto llegaron a conocerse que sabían sus cualidades y sus defectos, pero aun así se gustaban a pesar de sus cosas. Comenzaron a salir y a pasar tiempo juntos, y rápidamente se dieron cuenta de que se sentían muy cómodos el uno con el otro.

 

Con el tiempo, su amistad se transformó en amor y se enamoraron perdidamente. Se lo pasaban muy bien juntos, quedaban todos los días y se complementaban muy bien, ya que al ir a la misma universidad se ayudaban mutuamente.

 

A veces, iban juntos a un parque cercano para disfrutar de la tarde juntos. Allí hablaban de sus planes para el futuro y otras cosas que les provocaban mucha ilusión.

 

Sin embargo, como todo amor adolescente, tuvieron sus altibajos. A veces discutían por cosas insignificantes y se enfriaban. Pero, al final del día, siempre encontraban la manera de hacer las paces y de recordar por qué se querían tanto y de no tirar la toalla.

 

El verano llegó y, con él, la noticia de que Luis se mudaría a otra ciudad con su familia. Ana y Luis se sintieron devastados, sabían que tendrían que decirse adiós. Pero antes de irse, prometieron mantenerse en contacto y hacer lo posible por mantener su relación a flote.

 

El tiempo pasó y, a pesar de la distancia, Ana y Luis siguieron escribiéndose cartas, llamándose por teléfono y enviándose regalos. Alguna vez se veían, pero eso pasaba una vez cada tres meses. Con el tiempo, las cartas se redujeron, las llamadas disminuyeron y la vida tomó rumbos diferentes para ambos. hasta tal punto que perdieron el contacto.

 

Años después, ambos se reencontraron en una reunión de ex alumnos. Al principio se sintieron incómodos, como dos extraños. Pero al hablar, se dieron cuenta de que el amor que habían sentido de adolescentes seguía allí. Decidieron darse una segunda oportunidad y esta vez no permitirían que la distancia los separara. Finalmente, se dieron cuenta de que el amor verdadero siempre encuentra su camino.

 

Cada uno tenía su vida ya hecha pero consiguieron conectarlas para poder formar una familia y conseguir aquellos propósitos que de pequeños se habían prometido. Ana y Luis ya eran mayores y los dos tenían mucha madurez y capacidad para poder quererse como siempre les hubiera gustado.

 

Con el paso del tiempo decidieron agrandar la familia, tuvieron dos hijos, Nacho y Elena, aquellos dos nombres que de jóvenes ya acordaron poner a sus hijos si algún día llegaban a tenerlos. 

 

Fueron muy felices y vivieron aquella vida que siempre desearon tener el uno junto al otro.

 

De Inés Torres

 

 

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