Repte 2: La creació d’un personatge
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de Olivia Perceval
Hola, me llamo Sammy y tengo 9 años (9 y tres cuartos, así que casi 10, podría decir que tengo 10 años y tú me creerías). El caso es que hoy, al volver de la escuela, caí directa en la cama, estaba muy muy muy cansada… Y Max (un amigo mío, tiene 11 años, así que es el más mayor de todos, Santi solía ser el más mayor hasta que se mudó) dice que le parece raro que esté cansada, ya que nunca lo estoy, pero algunas veces me canso de verdad. Recientemente, siento como mi cabeza se hace más y más grande con el tiempo, creo que es porque yo no suelo pensar mucho, y últimamente estoy pensando mucho.
Estaba en la cama mirando el techo hasta que mi hermana mayor me avisó de que mi amiga me estaba esperando en la puerta. Y no sabía de quién me hablaba, ya que antes de que pudiera preguntarle dio media vuelta (este año se ha teñido el pelo y va con su novio a todas partes, por eso se comporta tan mal conmigo y con mamá). Salté de la cama para ir a ver quién era, aunque seguía sintiéndome muy cansada. Abajo estaba Lía esperándome en la puerta reclinándose de delante hacia atrás, me di cuenta, más que nada, porque sus pies hicieron un sonido en el porche que mi papá intentó arreglar hace años, pero siempre acaba rindiéndose. Nos saludamos y me preguntó si quería salir al parque, yo acepté porque sabía que si me quedaba más en casa sin hacer nada tendría que acabar pensando y no quería pensar más por hoy. Me puse mis zapatillas de salir, ya que tengo dos tipos, los bonitos que me pongo para ocasiones más especiales, y los de fuera, que me los pongo para ir a jugar, y corrí hacia ella para ponernos en marcha. Lía, de repente, se para y se gira para mirarme con cara dudosa, “¿No vas a avisar a tus padres dónde vas?”. “Oh, es verdad” Después de eso, dije algo de lo que me arrepentí al instante y no debería haberlo dicho porque eso puede crear problemas. “Solo mamá porque papá no va a dormir más aquí”. Mis manos automáticamente subieron a mi boca para taparla, y mis ojos se agrandaron.
—¿Qué?— Dijo Lia, y sus cejas se fruncieron, cosa que solo pasa cuando está enfadada, triste o confundida.
—No te lo puedo decir.
—¿Es un secreto?
—Sí, y mis labios están sellados.
—Pero tú odias esconder secretos.
—Ya.
—Eres muy mala escondiéndolos.
—Sí, lo sé.
—Entonces cuéntamelo.
—No puedo.
Los secretos son como gas en mi barriga. No me gusta el gas ya que cuando era pequeña y bebía algo con gas sentía dolor en mi barriga y las burbujas rebotaban alrededor y después salían de mi boca otra vez. Eso son como secretos para mí.
Sin poder controlarlo, las lágrimas cayeron y mis manos se dirigieron a la pequeña gema de mi collar. Sin querer, le conté toda la situación a Lía. Cómo papá se había ido y no iba a volver, y cómo estuve todo el día mirando por la ventana esperando a que volviera, pero eso era estúpido, ya que él no quería que le esperase. Pero una pequeña parte de mí tenía la esperanza de que tal vez se arrepintiera y, tal vez, en mi siguiente cumpleaños, cuando Max y Santi me harán un pastel, podré desear que mi papá vuelva o quedarme para siempre con mis amigos. Ahora mismo no sé cuál escogería, aunque podría adivinar cuál sería mi elección.
Amor eterno, de Blanca Reguart
En una noche lluviosa, Maximus se encuentra solo en su estudio, rodeado de libros antiguos y retratos oscuros. Mira fijamente el anillo y una lágrima solitaria cae sobre la inscripción. “¿Vencerá el amor al dolor que siento?”, se pregunta en un murmullo.
Su mano tiembla ligeramente, y su mirada perdida revela la lucha interna que lo consume. A pesar de su apariencia impenetrable, Maximus White es un hombre atormentado, buscando respuestas en el anillo que nunca se quita.
La furiosa tormenta golpeaba los cristales de la mansión familiar, proporcionando una banda sonora adecuada para la tristeza de Maximus. Su esposa, Isabella, siempre había sido su razón de ser, su faro en medio de la tormenta. Pero un fatídico accidente en el que la perdió había dejado un agujero negro en su corazón.
Maximus tomó el anillo con sus dedos temblorosos y recordó el día en que Isabella se lo había dado como símbolo de su amor eterno. En ese momento, la respuesta a su pregunta parecía clara: el amor vencería a cualquier dolor. Pero el paso de los años había erosionado esa opinión.
La mansión resonó con sus lloros ahogados mientras se hundía en su silla. A través de las lágrimas, Maximus comprendió que el amor, aunque no pudiera borrar su dolor, seguía vivo en su memoria y en el anillo que sostenía. En un gesto de determinación, prometió que honraría el amor de Isabella viviendo su vida de la manera más plena posible. Maximus White, con su anillo como símbolo de amor y esperanza, se levantó de su silla y decidió enfrentar el mundo con la fuerza del recuerdo que lo sostenía.
Un home de poble, de Aaron Valls
Jofre Cercós Puigferrer era un home senzill, de poble. Sempre havia viscut al mateix poble de Gósol, a la comarca del Berguedà. Mai havia sigut una persona d’estudi. Per anar a l’escola havia de baixar a Berga. Per ell l’escola era un lloc llunyà on preferia no estar. La natura i el seu poble ho eren tot per ell. Es passava els dies festius amb els seus amics a la plaça del poble o fent sortides a la muntanya. A mesura que s’anava fent gran va decidir que voldria viure per sempre en aquella zona i treballaria envoltat de natura. Tan bon punt va complir 18 anys va fer les oposicions per fer-se Guarda Forestal i va entrar a la primera.
A partir d’allà la seva vida no canviaria molt, es va casar amb una dona del poble als 32 anys, i amb 35 va tenir el seu primer i únic fill. La vida d’en Jofre era una vida sense sobresalts, quasi amb una rutina sempre pautada. Treballava de dilluns a divendres de 9 h a 16 h, anava a casa a fer una migdiada i a la tarda anava al Bar del poble a xerrar amb els veïns.
Si algú hagués preguntat en Jofre si estava content amb la vida que portava segur què hagués dit que sí sense pensar- s'ho dos cops. Tot i això, per una persona de fora no hauria estat tan clar. L’home d’avui en dia és algú que vol saber què hi ha en el món i no deixa d’explorar fins i tot quan se li posen barreres. En Jofre, en canvi, era tot el contrari, per ell el seu poble era el món sencer i no volia saber res més del que hi havia a partir de la sortida del poble. Per ell era el més normal del món, però a qualsevol observador extern li resultaria del més estrany. Un exemple ben clar va ser quan uns cosins de Barcelona van estar de visita a Gósol i en Jofre i el seu cosí Marc van parlar al menjador de casa sobre fer junts un viatge als Estats Units.
⏤Marc, no sé què dius tu d’anar-se'n de viatge a visitar els Estats Units. Que no estàs content a Barcelona?
⏤No es tracta que no estigui content a Barcelona, és que també vull veure les diferents cultures del món.
⏤Per què algú voldria anar-se'n a un lloc on parlen una llengua diferent i viuen de manera diferent? Quina necessitat tens?
⏤El problema no és què jo necessiti una raó concreta per viatjar, el que crec és que tu t’has passat tota la teva vida vivint a Gósol i no saps el que hi ha més enllà de la carretera nacional. A vegades també has d’expandir la ment i pensar més enllà del teu poble.
Després que en Marc li digués això a en Jofre va entrar la Teresa, la dona d’en Marc i allà mateix es va enterrar la conversa.

