SITUACIÓ D’APRENENTATGE TRENCANT EL GEL i Repte 1: Exercicis inicials
La magia oculta en cada gota, de Marta Rebollo
El agua deslizándose por mi cuerpo, frotar el pelo con ese jabón especializado en rizos y, posteriormente, mi momento favorito: la mascarilla, cuando mi cabello queda bien hidratado. Cuando el champú se mezcla con el agua, se forma una espuma que transforma la ducha en un escenario imaginario. Este es mi momento mágico.
Es como si cada burbuja contara una historia distinta, y yo soy el protagonista de este breve espectáculo. Cierro los ojos, permitiendo que el vapor y el sonido del agua creen un ambiente donde las preocupaciones se desvanecen. Es un respiro en medio del ajetreo diario, un tiempo para reconectar con uno mismo.
Cada gota que resbala por mi piel parece llevar consigo el peso del día, llevándose las tensiones y dejándome con una sensación de ligereza y alivio. Es un ritual diario que va más allá de lo físico; nutre tanto el cuerpo como el alma. A medida que el agua desciende por mi espalda, puedo imaginar que cada gota es un pequeño regalo, una pausa en el tiempo. Las preocupaciones se diluyen y mi mente encuentra un espacio para la calma.
Luego, al apagar el grifo, siento que emerge una sensación de frescura y renovación. La ducha no es solo un acto de limpieza, sino un pequeño refugio donde la rutina se viste de magia. En esos minutos, me sumerjo en la simplicidad de un momento que, aunque sea breve, deja una huella de bienestar.
Finalmente, al salir de la ducha, el mundo exterior parece diferente. La sensación de frescura y renovación me acompaña, extendiendo los beneficios de ese breve momento a lo largo del día. Y así, la rutina, aunque inevitable, se ve impregnada con la magia de esos minutos con los que he comenzado el día.
Amor a primera vista, de Alexia Saura
Caminaba por las calles desoladas de la ciudad, mi mirada se posaba sobre los escaparates de las pequeñas tiendas situadas debajo de los edificios modernistas, el cielo estaba cubierto por nubes grises y las hojas de los árboles se movían con vigor debido a la fuerte ventisca.
Me dirigía hacia la cafetería del parque de la estación, iba allí siempre que quería desconectar de mi vida como universitaria, pues era perfecto para huir del mundo gracias al ambiente tranquilo y solitario que había.
Al llegar al parque, me dirigí hacia la pequeña cafetería y me senté en una mesa que había al lado de la ventana, pronto un chico guapo y joven vino a atenderme, y ahí fue cuando nuestros ojos se toparon, y mi mundo se detuvo. Los segundos pasaron, nuestras miradas seguían conectadas, el carraspeo, hasta que me preguntó qué quería tomar. Con timidez le respondí “café…con leche”, al escucharme se giró y se fue, en ese instante sentí que mi mundo se volvió más frío, más solitario.
Aproveché para sacar mi libro y abrir la página por la que me había quedado. A los pocos minutos otro camarero vino a traerme mi pedido, no era el mismo chico guapo de antes, envolví la taza de café con mis manos y tomé un sorbo, para ser café tenía un sabor dulce.
Pronto la campanilla de la puerta sonó, y por ella entró una chica que aproximadamente tenía mi edad, iba con una sonrisa en la cara y sus ojos mostraban un brillo que indicaba felicidad. La joven se dirigió a la barra y se sentó; poco después salió el chico guapo que me había atendido a saludarla. Los dos se abrazaron, para luego darse un pequeño beso. Mis ojos, que lo vieron todo, se aguaron levemente. Así que rápidamente giré la cabeza para ocultarlo, cogí la taza y bebí con el ceño fruncido. El sorbo ya no era dulce, era un amargo café.
La investigación, de Pepe Solans
Era de noche, el detective dejó encima de la mesa la carpeta de la investigación que le había estado rompiendo la cabeza durante días, era una de las investigaciones más confusas que había llevado en toda su carrera como detective privado.
Después de varios días siguiendo a aquel hombre, continuaba sin saber si realmente era él quien había matado a aquellas personas. Aquel sospechoso tenía una rutina que seguía a rajatabla, cada día por la mañana, se levantaba y bajaba a pasear y luego a desayunar en el bar de la esquina y después de media hora subía a su casa y no volvía a salir hasta después de comer, momento en el cual volvía a hacer lo mismo. Todo esto no encajaba con el perfil de un asesino en serie o al menos no de uno de los que él hubiese atrapado. Había algo que resultaba extraño, aquel hombre era demasiado exacto.
Aquella mañana parecía diferente, el hombre se había levantado antes de lo normal y, en vez de irse a casa, cogió una ruta distinta y subió a un bloque de apartamentos. Rápidamente, el detective le siguió y empezó a subir las escaleras detrás de él pero sin que le viera. Llegó al umbral de un piso con la puerta entreabierta donde se escuchaba un ligero ruido que no se podía distinguir muy bien. El detective tenía que tomar una decisión, o entrar y detener al hombre o esperar a ver qué había pasado. Pero sabía que si se estaba cometiendo un asesinato y él estaba allí para evitarlo y no hacía nada, aquello lo martirizaría toda su vida, así que decidió entrar.
Al abrir la puerta y ver lo que estaba pasando se quedó en shock, el hombre al que había estado siguiendo durante un par de semanas solo se había pasado a ver y a ayudar a cocinar a quien él supuso que era su madre. Después de explicar el porqué de su interrupción, salió pidiendo perdón y despidiéndose del hombre y de su pobre madre, sintiendo la mayor vergüenza de su vida.
