COMICIDAD DE LO ABSURDO




UN AVANÇ ESTRUCTURAL, de Sofía Díaz

–Bon dia! –va dir el senyor Roca.
–Hola, bon dia! Benvingut a l'ajuntament, en què puc ajudar-lo, senyor Roca? Voldria alguna cosa?
–Doncs sí, m’agradaria demanar un permís, concretament una llicència de construcció urbanística a l'ajuntament per poder alçar un edifici, dissenyat i construït pel mismísim senyor Roca.
–D’acord perfecte, doni'm uns minuts… -va respondre la senyora March.
 
Això dels minuts no ho va aplicar molt, la senyora March, dona del batlle de l’ajuntament, perquè va trigar 20 minuts en tornar, en què ella parlava amb el seu marit sobre el permís de construcció del senyor Roca. Quan per fi Isabel Martorell, o millor dit Isabel March, va avançar cap a la recepció on es trobava el senyor Roca, el pobre Josep no s’esperava la resposta de la dona…

–Disculpi l’espera, però no crec que sigui possible aconseguir la llicència urbanística pel seu edifici. Vostè no és arquitecte ni enginyer per poder afaiçonar un edifici, vostè és cuiner, l’ajuntament recomana l’ajuda d’un arquitecte amb la capacitat de poder fer un projecte.
–Escolti!, vostè qui es creu que soc! Sóc el senyor Roca, i puc fer moltes coses, res se'm resisteix! –A continuació va marxar enfadat, amb tanta ràbia que va trencar el vidre de la porta quan va sortir de l’ajuntament.

Mitja hora després, va quedar al bar “Quatre gats” amb el seu amic, la personalitat del qual no s'allunya molt de la del senyor Roca.
 
–Miquel, et pots creure que no em volen donar el permís de la construcció! –va dir indignat.
–De veritat, com és la gent, ens haurien de pagar per suportar tants incompetents –Mentre parlaven de l’edifici, cada minut empitjorava el to de veu.
–No pot ser, ho tinc tot organitzat, tinc els materials, els plànols, els constructors... Mira, de fet utilitizaré formigó, li demanaré l’excavadora al meu veí per poder fer l’edifici alt, i posaré unes bigues relativament llargues i resistents però a la vegada flexibles, amb una forma perfecta. És un material molt innovador, a més d’ecològic, perquè és un material reciclable que mai s’ha utilitzat, serà un avanç pel món sencer –això últim ho va dir ben orgullós.
–Ai! Però de quin material m’estàs parlant?, digue’m-ho! –va exclamar el Miquel encuriosit.
 
Inesperadament, el Josep va rebuscar a dins del seu maletí. A continuació va succeir el següent:

–Mira!, si tinc aquí algunes mostres! -I de sobte en Josep va posar sobre la taula un paquet d’espaguetis.



PENSAMIENTOS DE UN MARTES CUALQUIERA, de Sofía Manzanera

Para mí era otro martes por la mañana de camino al trabajo. Como siempre, paré en la misma cafetería para tomarme un café. Hoy llegué un poco antes porque quería sentarme tranquila y desayunar algo antes de empezar el día. Me senté en una de las mesas compartidas cuando me di cuenta de que a mi lado estaba sentada una amiga mía del instituto a quien no veía hace años.

–¡¿Marta?! ¡Cuánto tiempo! –exclamé sorprendida.

–¡Sí! ¿Hace años que no te veo, qué es de tu vida? –respondió Marta.

Continuamos hablando y poniéndonos al día. De pronto mi mirada se desvió, me vi atraída hacia su bolso, algo no me cuadraba. Me froté los ojos, pensando que solo me estaba imaginando cosas, pero no. Ahí estaba claramente visible: ¡Una piña entera dentro de su bolso!

Me parecía surrealista, eran las ocho y media de la mañana, y Marta tenía una piña en su bolso. No podía evitar que mi mente empezara a imaginar sobre las posibles razones. ¿La habría comprado esta mañana? ¿O la habría metido en el bolso la noche anterior? Pero… ¿Por qué meter una piña en su bolso Chanel? Y lo más raro, ¿por qué no había nada más dentro de su bolso?

Marta seguía hablando, yo ya estaba en otro mundo, inventando historias absurdas. ¿Y si le había dicho a su marido que se iba de viaje de chicas a Brasil, y la piña era solo una excusa para cubrir un romance secreto? O quizás había estado de fiesta anoche y se había despertado en las escaleras de una discoteca con la piña en el bolso sin recordar nada. O peor aún, ¿y si no era Marta? ¿Y si había robado el bolso y yo estaba sentada al lado de una ladrona?

Me perdí tanto en mis pensamientos que, de repente, volví a la realidad al escuchar a Marta decir:

– … Y por eso llevo la piña en el bolso.

Me reí nerviosa, ¿cómo le iba a explicar que no había escuchado nada de lo que había dicho porque estaba demasiado ocupada inventando teorías sobre esa piña? Después de eso, nos despedimos, y salí de la cafetería. Definitivamente, era demasiado pronto para imaginar tantas cosas.




UN AMOR ENTRE UN REX Y UN EX, Angelika Pestrosyan

¿Qué harías si estuvieras atrapada con tu ex en un ascensor vestida de dinosaurio? Podría parecer imposible, pero para mí ¡no lo fue!

Todo empezó con mi primer día de trabajo como animadora en un cumpleaños de niños. Nunca me habría imaginado que trabajaría de esto, pero el dinero es dinero. Aún más surrealista fue recibir un mensaje de ruptura de Lucas, justo antes de vestirme de T. Rex. No podía permitir que esto afectara mi estado de ánimo. Hoy no, o al menos, no ahora.

Sin embargo, todo fue a peor cuando la señora que me contrató se olvidó de ir a buscar el pastel.

–No se preocupe, voy a buscarlo –contesté. Aunque ya me estaba imaginando las caras de los pasteleros al verme.

Mientras las puertas del ascensor se cerraban, una mano interrumpió su cierre. Reconocí esa figura al instante. ¡No podía ser! Cuando el ascensor se preparó para descender, las luces empezaron a parpadear hasta que el ascensor se detuvo. ¡Esto es una broma! Lucas levantó la mirada y se percató de que no estaba tan solo como creía.

–Disculpa, no te había visto –dijo con voz seria.

–No te preocupes –contesté, fingiendo una voz grave. –¿Te ocurre algo? –pregunté.

–He de admitir que no lo estoy pasando muy bien. He dejado a mi pareja.

–¿Y por qué? –intenté cruzarme de brazos para mostrar seriedad, pero con las enormes garras era imposible.

–Porque soy un cobarde y un egoísta. Porque tengo miedo de perderme en su amor, y sentirme solo, otra vez.

–¿Y por eso te alejas? ¿Para protegerla?

–Supongo…

–Pues no deberías.

–¿Y por qué estás tan seguro? –preguntó extrañado.

–Porque yo también te amo –las palabras salieron de mi boca antes de que pudiera procesarlas. ¡Se habrá dado cuenta de quién soy! ¿Y ahora qué hago?

Antes de que pudiera pensar qué decir, una luz brillante invadió todo el ascensor. Eran los bomberos. Al salir, intenté huir lo más rápido posible para evitar las sospechas de Lucas, pero fue en vano, ya que sentí una mano en mi hombro.

–¡Espera! –dijo Lucas. –¿Eres tú… verdad?

Asentí, sin poder ocultar más la verdad.

–Bueno… –dijo, aguantándose la risa– No sé si me arrepiento más de haberte dejado o de haberte visto con este disfraz.

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