RETO 5: CONSTRUCCIÓN DE DIÁLOGOS
El diálogo siempre es la exposición del estado de ánimo de los personajes y debe contribuir a clarificar la historia, conducir y marcar todos los caminos por donde se moverán los distintos personajes. Es el diálogo el que retrata al personaje tanto o más que sus actos. La fuerza o la atracción de un buen diálogo puede llegar a ser tan formidable que no necesitemos nada más para adornarlo.
El diálogo constituye técnicamente una escena en su dominio del tiempo (coincide el tiempo de la trama con el del discurso). La virtud del diálogo es que el lector raramente dejará de leer un capítulo a la mitad del mismo. Pero hemos de ofrecer esos diálogos medidos. El diálogo se basa en los principios de la acción y la reacción. Cada frase de un personaje provoca una respuesta del otro, y así sucesivamente, encadenadas. Pero más conversación, menos efecto. Deberemos mover a los personajes, cortar abruptamente sus palabras, inducirlos a una reflexión, un silencio, un cambio de posición o a un gesto. Cada bloque dialogado debe ser armónico en sí mismo.
Cada parte se oxigena con el corte de un movimiento. La medida de un buen diálogo es la medida interna de una escena.
"Comenzar un capítulo con un diálogo es contundente. No admite cortapisas. Cerrarlo con una frase abierta es directo, sin réplica" (Jordi Sierra i Fabra, La página escrita).
¿Aparición o sueño?, de Gabriela Durbán
-¿Cómo es posible? Tú ya no estás aquí. ¿Estoy muerta? -le dije con voz temblorosa a mi tía que había fallecido hace unos nueve meses.
-No, no estás muerta -contestó con el tono irónico que siempre la había caracterizado -, pero si sigues así pronto lo estarás.
-Ó sea, que estoy en coma.
-Tampoco -yo la miraba con sorpresa, no entendía qué me quería decir, así que me lo aclaró -. No te estoy hablando de una muerte literal, sino anímica. Si sigues escondiendo tus problemas, si intentas solucionarlos tú solita, vas a perderte.
-No puedo contárselo a nadie, me da mucha vergüenza, además a nadie le importa lo que me pasa…
-Estás perdiendo la sonrisa con la que siempre te levantabas, ¿no lo ves? Dime, ¿cuándo fue la última vez que te lo pasaste bien de verdad?
-Buff… Pues ¡no sé!
-Paula, necesitas confiar en alguien, no puedes vivir por vivir. No verbalizar lo que sientes no te está siendo de ayuda. Poco a poco te estás apagando, y estás preocupando a aquellos que realmente te conocen.
-Ya sé, tía Cheche, ¡tú me podrías ayudar!, ¡sería fantástico! Yo podría salir de este pozo sin necesidad de que nadie me mire con cara de pena -mi tono de voz había cambiado por completo, sabía que ese era el mejor plan, ¡no había otro!
-Yo no te puedo ayudar, yo no soy real. Estoy muerta, Paula, ¿recuerdas?
-Pero entonces… ¿Cómo puedo estar hablando ahora contigo?
-Eso no lo sé. Todo por aquí es muy raro. Yo os puedo ver, pero vosotros a mí no. Sinceramente, no sé cómo has conseguido contactar conmigo.
Después de un silencio sorprendentemente no incómodo, sentí la necesidad de preguntarle cómo estaba.
-Tía Cheche, ¿estás bien?, ¿da miedo morirse?, ¿duele?
-Paula, no puedes estar vivo y muerto a la vez, por lo tanto, mientras estás vivo, la muerte es algo inexistente, y en cuanto llega, ya la conoces, por lo tanto, vive sin temor. Eso sí plantéate cosas, observa y actúa contra las injusticias que te irriten, alguien te ha mandado a la Tierra por algún motivo, aprovéchalo.
-Una última pregunta, ¿dónde estás? ¿Has dado respuesta a las grandes preguntas?, ¿estás con nuestros seres queridos, esos que ya han fallecido?- de pronto, noté una corriente eléctrica y me desperté. Supe que había dado con la pregunta errónea.
Miré el reloj, quedaban tres minutos para que la alarma sonará, fue entonces cuando me planteé: “¿Todo esto había sido una aparición real o un simple sueño?”. Fuese lo que fuese, yo ya sabía qué hacer.
